La séptima vida

...o el gato así lo espera/teme

Comida en la granja

Ilustración para Comida en la granja

Ese viernes, Andrea regresó de la escuela a la hora de la comida. Ella vivía con sus papás en una pequeña granja donde tenían verduras y algunos animales. Había gallinas, una vaca, una cabra, un cerdo, algunos conejos y un gallo. Aunque Andrea veía a todos los animalitos como sus mascotas, el gallo era especial para ella. Lo había adoptado desde que era un pollito; jugaban juntos y él la seguía por toda la granja. Ella lo había salvado de convertirse en la comida un viernes, llorando y rogándole a su papá que la dejara quedarse con él. Aquel viernes comieron conejo en lugar de pollo.

Andrea sabía que, como todos los viernes, era día de comer carne. Por eso había caminado triste hacia la granja. Sabía cómo era la rutina de los viernes. Alrededor de las once de la mañana, su mamá le anunciaba a su papá lo que quería preparar para comer y el papá, a quien tampoco le gustaba ese trabajo, ladeaba su cabeza para que su cuello tronara y luego salía a escoger el animalito que habría de convertirse en el plato principal. A Andrea le causaba mucha angustia llegar y descubrir cuál de sus animalitos ya no estaría con ellos.

Al llegar, se lavó las manos en el baño de la entrada. Entró sin saludar, como todos los viernes. Luego, entró a la cocina y se sentó en la mesa, que ya estaba servida. Olía muy bien, tal vez era carne de cerdo. Levantó la tapadera de la charola más grande y vio un gran corte de carne adornado con tocino, cebolla y papas. Se abrió su apetito pues se veía muy rica la comida.

Por la puertita para el perro se metió una gallina, caminó hasta la mesa y se subió en una silla. Andrea sonrió ligeramente. Luego entró un conejo y también se subió a otra silla. Detrás de ellos entró su gallo. Él se subió a la silla frente a Andrea, mirándola primero con un ojo y luego con el otro. Andy estaba realmente divertida, parecía que iba a comer con sus animalitos ese día. Luego, entró el cerdo. Andrea se sorprendió mucho pues pensaba que él era la comida, y sonrió con alivio. Comería tranquila de saber que ninguno de sus animalitos estaba sobre la mesa.

Entonces escuchó ruido afuera de la casa. Se oyeron pasos en el umbral de la puerta y luego una llave entró en la cerradura. La puerta rechinó al abrir y finalmente entró su mamá, que desde la entrada de la casa empezó a llamar a su esposo para que le ayudara a meter las cosas del mandado. Pero el papá de Andrea no contestó.

–Hola Andrea, llegaste antes que yo. ¿Dónde está tu papá? Le dije que hoy iba a traer comida de fuera, espero que les guste. Hay que ir por ella al carro – dijo su mamá desde la puerta. Ahora Andrea estaba muy confundida. No entendía por qué su mamá había traído más comida cuando la que tenía servida se veía deliciosa. Y no entendía por qué su papá no contestaba.

La mamá llegó a la cocina y, al ver a Andrea y sus animales sentados a la mesa, soltó las bolsas del mandado. Se escuchó cómo se quebraron frascos de vidrio. El gallo saltó de su lugar, ladeó su cabeza tronándose el cuello y sacó a la señora al patio.